Ajarit Hayamim - Días Postreros

Eze 37:17 "Finalmente, tráelos juntos a un solo palo..."

¿EXISTIERON LAS PASTORAS EN LAS IGLESIAS DEL NUEVO TESTAMENTO?

Jack Fleming


Esta pregunta la he recibido bajo diferentes variantes y hoy he querido aclarar esta duda que parece existir en diversos creyentes de distintas denominaciones, para lo cual procuraré abarcar todos los diferentes ángulos de estas consultas.


Aquellos “cristianos” que no se preocupan por lo que Dios ha dicho en Su Palabra, no tienen ningún problema para aceptar esto y muchas otras cosas que se han añadido en las iglesias modernas. Pero un creyente que desee ser fiel a Su Señor, tendrá necesariamente que poder demostrar con la Biblia, dónde aparece a lo menos una mención de una iglesia del Nuevo Testamento que se cite a la esposa del pastor como “pastora”, o el caso de una iglesia donde una mujer ejerciera como “pastora”.


Evidentemente que en todo el Nuevo Testamento no existe ni una sola vez un caso donde se registre una mención de “pastora” a la esposa de un pastor, o de una mujer que tuviera esa responsabilidad conferida por el Espíritu Santo.


Algunos contumaces, al carecer de un argumento bíblico, dicen apoyándose en su propio raciocinio y simplicidad, dejando de manifiesto su desprecio por la Palabra de Dios, dicen con una ignorancia que sorprende, que ellos las llaman “pastoras” por respeto a sus pastores, intentando cubrir el hecho real que son los mismos pastores quienes han otorgado a sus esposas de esa envestidura.


Esto queda en evidencia cuando algún osado tiene la audacia de llamarla simplemente “hermana”, prontamente su atrevimiento será reprendido por las autoridades de la iglesia.


Podemos apreciar claramente que este argumento es un acto de hipocresía para cubrir el verdadero rol de autoridad que ocupa la esposa del pastor, en la nueva jerarquía que han diseñado aquellos que cada día se apartan más de la Biblia.


Además, si este raciocinio simplista tuviera algo de verdad, estaría significando que el Espíritu Santo, los apóstoles y todos los primeros cristianos que registra el Nuevo Testamento, fueron “irrespetuosos”, porque ellos jamás las llamaron “pastoras”.


Ingenuidad de esta magnitud estaría forzando también que a la esposa del presidente deberíamos llamarla “presidenta”, a la esposa del médico doctora y así sucesivamente en cada caso, para no ser “irrespetuosos”. Pero un análisis como este, solamente demuestra la ignorancia y fanatismo en que se puede caer cuando dejamos las enseñanzas de la Biblia a un lado, para seguir los raciocinios humanos y dictámenes autoritarios.


En 1Cor. 9: 5 encontramos que a las esposas de los apóstoles que los acompañaban en sus viajes y tareas de la iglesia, no las llama “apóstalas” ni tampoco “pastoras”, sino que simplemente el calificativo que le otorga la Palabra de Dios es de “hermanas”, y esto no fue por falta de respeto, sino porque eso es lo que el Señor establece en la Biblia.


El mismo apóstol Pedro, que en su primera epístola cap. 5 se autodenomina anciano (vr.5) y pastor (vrs.2-3), jamás el Espíritu Santo que inspiró las Sagradas Escrituras, se dirige a su esposa, en los varios pasajes que lo hace, como la “anciana” o la “pastora”.


Algunos obstinados, para pretender justificar lo injustificable, de que una mujer pueda ejercer el liderazgo de “pastora” en una iglesia, han seguido las técnicas propias de las sectas y del engañador, aíslan un versículo de su contexto y tuercen la Palabra de Dios para dar un barniz de credibilidad a su mentira.


Estos citan un versículo, Gál.3: 28 “ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”.

Entonces dicen estos señores: “Ven, ahora en la iglesia Dios no hace diferencia entre los hombres y las mujeres”. Pero si ésta fuera la interpretación correcta del versículo, entonces tendríamos un tremendo conflicto de contradicciones con los otros muchos pasajes donde Dios prohíbe textualmente a la mujer predicar y enseñar en la iglesia, y la Biblia dejaría de ser Palabra de Dios, porque Dios no puede contradecirse.


Dios no es Dios de confusión. Aquí en Gálatas está enseñando que ahora TODOS somos salvos por la gracia y no por las obras de la ley. Esto es lo que afirma en el versículo anterior (v.26) “todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús”. Por la fe en Cristo se salva el judío y el gentil, el hombre y la mujer. No existe diferencia alguna para la salvación, eso es lo que está afirmando Dios en este pasaje, y esto es lo que cualquier lector honesto y sincero comprenderá a través de la simple lectura del contexto. El hombre y la mujer entran a la iglesia por medio de la misma gracia salvadora, pero una vez dentro, cada uno recibe responsabilidades y tareas diferentes.


Siempre los que tuercen la Biblia se esforzarán porque Ud. lea únicamente el versículo que ellos le señalan, y JAMÁS explicarán los pasajes que digan lo contrario. Por este motivo les escuchará decir lo contrario que dijo el Señor. Jesús mandó: “Escudriñad las Escrituras”. Y estos engañadores dicen: “No lea la Biblia, porque la letra mata”.


Se molestan con aquellos que estudian la Biblia, hasta los estigmatizan con nombres peyorativos, porque las enseñanzas de la Palabra de Dios son contrarias a sus prácticas y doctrinas.


El Señor ha sido muy categórico para prohibir que la mujer predique en la iglesia, y esto no es porque la mujer sea menos inteligente o que deba estar únicamente lavando platos, como argumentan aquellos que desobedecen al Dios de la Biblia.


Dios nos habla y enseña inclusive a través de Su creación, porque toda ella lleva el sello divino de su Creador. Es muy importante notar cómo Dios creó al primer hombre, Adán, y cómo hizo a su esposa. También debemos destacar que Dios llama en el Nuevo Testamento al Señor Jesucristo, el segundo Adán, y a la iglesia, la esposa de Cristo.


En la sumisión de la mujer está tipificada la subordinación de la iglesia a su Señor, quién es la Cabeza de la iglesia, su Esposo. Pero aunque no logremos entender estas cosas espirituales, porque se han de discernir espiritualmente, 1Cor.2:14 “el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”. Aunque no logremos entender la lección espiritual que Dios nos quiere entregar por medio de esta simbología, deberíamos someternos y aceptar aquellas cosas que no ameritan duda alguna, como es lo expresado por Dios para la iglesia en:


1Cor.14:33 “como en TODAS las iglesias de los santos, vuestras mujeres callen en las congregaciones”.


1Tm.2: 11-12 “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque NO PERMITO a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio”.


¿Quién es el que no permite predicar a la mujer? No somos nosotros, sino el dueño de la iglesia, el Señor, porque TODA la Biblia es Palabra de Dios.


Mucho se ha dicho y se ha escrito respecto al nuevo rol que la mujer desempeña en la sociedad moderna y dentro de la iglesia. Movimientos reformistas, como el de liberación femenino y otros, han sincronizado sus ataques contra lo que Dios claramente ha mandado en la Biblia.


Se podrá argumentar y filosofar largamente, y con excelentes planteamientos, muchos de ellos muy convincentes, pero todos tendremos que admitir que no son más que razonamientos humanos.


La mujer cristiana que desea realmente agradar a su Señor y ser fiel a Él, tendrá que decir como todo hijo de Dios: “¿Qué quieres que haga Señor?”. Y Él le mostrará las diversas funciones para las cuales Dios nos ha puesto en la iglesia, porque no todo el cuerpo puede ser boca. Rm. 10:15 “¿Cómo predicarán si no fueren enviados?”. Naturalmente que Dios no se va a contradecir a sí mismo y enviar a una mujer a ser pastora, termino que no aparece jamás relacionado con las funciones dentro de la iglesia del Señor para la mujer.


Finalmente, 1Cor.3:13-15 “la obra de cada uno será probada por el fuego, si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego”.


Entonces ¿para qué trabajar en algo que será quemado? Todo aquello que hayamos realizado contra la voluntad del Señor, sin importar toda nuestra sinceridad y esfuerzo personal, no resistirá la prueba del fuego, será quemado.


Que el Señor nos otorgue más sabiduría y sumisión a su Palabra, para que podamos escuchar de sus labios benditos en aquel día glorioso: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor”.


Lo que el Señor premiará, no será la grandeza de la obra, ni lo destacada o reconocida que haya sido, sino que únicamente nuestra fidelidad a lo que Él ha mandado en Su Palabra.

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