Ajarit Hayamim - Días Postreros

Eze 37:17 "Finalmente, tráelos juntos a un solo palo..."

“Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo”.
En esta parábola tenemos cuatro elementos a definir: el reino de los cielos, el campo, la naturaleza del tesoro escondido y la identidad del hombre que encuentra el tesoro, lo vuelve a esconder, vende todo lo que posee y compra el campo. Permítanme decirles que esta parábola contiene maravillas que el Eterno ya ha realizado. En esta se expresa el cumplimiento de promesas específicas hechas a Avraham, Isaac e Israel, los padres de la nación hebrea, cuyo alcance se ha extendido, a cada familia que habita este mundo.
El reino de los cielos: Este elemento es muy sencillo: Yeshúa inició su quehacer profético con un llamado a la casa de Judá: “arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”. Esta es una absoluta e incuestionable referencia al propósito de Dios de establecer con las doce tribus de Israel un reino de sacerdotes y gente santa. Si leemos Éxodo 19:5-6 no solo se hará claro el propósito de nuestro Abba, sino que la naturaleza del tesoro escondido se empezará a develar: “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes y gente santa” (Ex 19:5-6).
El campo, el campo es el mundo, son las naciones.
La identidad del hombre que halla el tesoro y lo vuelve a esconder; que vende todo lo que posee y compra el campo, es Yeshúa nuestro Mesías, el rey de Israel; el cual actúa en representación del Eterno. Esto lo podemos asegurar con algunos pasajes que hablan de la naturaleza de su función profética y de su encargo divino: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que había perdido” Lc. 19:10. El respondiendo, dijo: “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mt 15:24).
Sin embargo, la cuestión más interesante del tema reside en lo que en esta parábola se presenta como la acción de esconder el tesoro, porque esto es algo que ya ha sido hecho. El Tesoro ya está escondido. Y está tan escondido, que nos cuesta trabajo identificar y aceptar lo que nuestro Padre ha estado haciendo desde hace cuatro mil años. Este es un milagro por medio del cual El Eterno ha dado cumplimiento a promesas específicas que Él hizo a los padres de la nación. El Eterno escondió el tesoro, pero ¿cómo lo hizo? Veamos:
Gn 12:1-3 – El Eterno le prometió a Avram tres cosas: la tierra de Canaán, hacer de él una nación grande y bendecir en él todas las familias de la tierra. Aquí el punto a considerar es el cómo, la manera que Él emplearía para dar cumplimiento a semejante tercera promesa. La palabra hebrea que aquí utiliza, Venibrejú se traduce como “bendición”, pero su significado literal es “entremezclar”, dándonos con ello, una pista del cómo de su cumplimiento.
Gen 13:16 – Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra.
Gen 17:15 – Sara vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella.
Gen 48:19 – Esta es una promesa impresionante: La descendencia de Efraín formaría multitud de naciones (Melo ha Goyim: plenitud de naciones).
Dt 30: 1-8 – Moisés afirmó que después de la bendición y la maldición: vendría la restauración de la nación.
1 R 12:24 – La división del reino de Israel fue hecha por el Eterno.
2 R 17:6, 18, 23 y 24 – El cautiverio de Israel fue predicho por el Eterno. Siete siglos antes de nuestra Era, Israel fue llevado cautivo a Asiria y la tierra que ocupaban fue repoblada con extranjeros. Se mezclaron entre las naciones y desde entonces no han regresado. Esto ocurrió en el 723 a.e.c. El punto a considerar es el por qué, la razón de su exilio. Si no han regresado, ¿dónde están? Ahora podemos entender las palabras de Yeshúa cuando dijo: “soy enviado a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Y cuando él envió a sus discípulos a las naciones, él hablaba de la restauración de la nación.
Judá y Benjamín también fueron al exilio en Babilonia, pero un remanente de ellos regresó. De este modo fue que al momento de la venida de Yeshúa hace casi dos mil años, el tiempo para la restauración del reino de Israel estaba a la puerta; era necesario para Judá hacer obras dignas de arrepentimiento, de apartarse de la idolatría, de circuncidar su corazón. El campo estaba listo y los obreros eran pocos; era el tiempo del inicio del retorno de las diez tribus, en el exilio desde siete siglos atrás. Sin embargo, aun estaba reservado otro exilio disciplinario para Judá, que iniciado en el año 70 de esta Era, concluyó casi diecinueve siglos después. Durante este exilio, muchos de los hijos de Judá también fueron voluntaria u obligatoriamente asimilados entre las naciones, dispersándose principalmente en las costas del mar Mediterráneo y en América latina, perdiendo también su identidad hebrea. La profecía de Oseas se cumplió: un remanente de Judá, conservó su identidad israelita, mantuvo su fidelidad a la Torá y al Eterno, regresó a la tierra prometida, ha restaurado el idioma hebreo, y la profecía de Isaías 66:8 se cumplió cuando una nación nació entre las naciones en un solo día, en Mayo 14 de 1948.
La vida del profeta Oseas al casarse con una mujer fornicaria y tener hijos de fornicación, es la ilustración de la relación que el Eterno tiene con la nación de Israel. Su primer hijo fue Jezreel, (que significa siembra de Dios), expresa que Él ha sembrado a Israel entre las naciones. Su hija Lo-ruhama (no compadecida) representa la firmeza de la decisión y la determinación del Eterno por disciplinar a su pueblo escogido. Lo-ammi (no pueblo mío) expresa el carácter del comportamiento del pueblo disperso, sin Torá (Instrucción), enlodado en la idolatría y el paganismo. Y aunque en estas condiciones esperaríamos su aniquilación o al menos que sean desechados, el capítulo 1 concluye: “Con todo, será el número de los hijos de Israel como la arena del mar (referencia a la promesa hecha a Avraham), que no se puede medir ni contar”. Y con su restauración como hijos del Dios viviente y la reunificación de las 12 tribus (Oseas 1:1-11). 
Oseas 2: 19 y 23 “Y te desposaré conmigo para siempre”.
Oseas 7:8 “Efraín se ha mezclado con los demás pueblos; Efraín fue torta no volteada”.
¡Tus misericordias son nuevas cada día, Oh Eterno! Los capítulos 30 y 31 del profeta Jeremías son ejemplo claro de la misericordia, y el amor, y la gracia del Eterno por su pueblo y por las naciones. Porque en el retorno de los hijos de Israel a su tierra, no lo dudes, estarán incluidas todas las familias de la tierra. ¿Qué no ha hecho ya el Eterno de Avraham para acá, en más de cuatro mil años?
Para fines prácticos, los dispersos de Judá actualmente están en las mismas condiciones que los de Efraín. Todos tenemos que retornar a las sendas antiguas.
Esta parábola enseña que el tesoro fue hallado y vuelto a esconder. ¿Qué significa esto? La nación no fue formada en su propia tierra sino en el exilio de Egipto. El Eterno introdujo en Egipto una familia y después de cuatrocientos años, por medio de Moisés encontró una nación, le dio identidad y la instrucción de su voluntad. Varios siglos después, la nación fue escondida, fue “sembrada” entre las naciones. Primero Efraín y luego Judá. Sólo un remanente de Judá mantuvo su identidad y cultura; el resto de las tribus son gentiles entre los gentiles. Esto fue hecho por el Eterno. Sus ejecutores son Moisés y Yeshúa viniendo en el nombre de YHVH. Nuestro Mesías compró para el Padre el campo a precio de su propia sangre. Al regreso de Yeshúa El Eterno extraerá del campo a su tesoro, a su pueblo escogido, cosechará a su pueblo en el día de su restauración. Se casará con Israel (la mujer rodeará al varón). Él aún hará regresar a su tesoro escondido de entre las naciones y reinará sobre ella: Yeshúa Hamashiaj, el Rey de Israel, reunirá las dos casas de los hijos de Israel y establecerá el Reino de los cielos sobre la tierra. 
¡Qué hermosa historia de amor, de gracia, de paciencia y de misericordia de nuestro Abba Padre! ¡Vaya manera de cumplir sus promesas a un amigo! ¿Es de esperar que todo el pueblo del Eterno, los hijos de este amigo, sepa valorar con qué clase de privilegio nuestro Abba nos ha honrado y distinguido? –Eso espero.

Shalom a todos los que leen está enseñanza

Gustavo Moran ...

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